El que jamás pudiera tocarle
lo convertía en un fantasma, sin ningún tipo
de remordimiento abordo su vida, apareciendo
y desvaneciéndose en cuestión de segundos, con extraña
agilidad.
Con el correr de los días se convierto en todo
lo que ella en algún monto quiso encontrar, y
que creyó inexistente. Era el romanticismo de una unión casi
imposible, nadaba entre sueños, se reflejaba en el brillo matutino de su rostro,
la viveza de su piel, el calor de sus suspiros.
Pero al mismo tiempo era nada, solo un caminante
perdido, tan perdido como ella en la inmensidad de su misterio.
